Hija de reyes

Miss en casa y yo extraño mi espacio, ¿o no?

 

Mi familia llegó de visita la anterior semana. La casa se llenó de gente como suele hacerlo si 4 personas más llegan con maletas. La mesa parecía contener una multitud al contrario de los dos comensales callados que son mis abuelos. El baño, el único baño de la casa, se quedó sin espacios libres por tantas cosas diferentes que no sabría por donde comenzar. En especial si tienen en cuenta que éramos cuatro mujeres. Una de ellas participaba en Miss Ecuador, así que los vestidos de diseñador, los zapatos, maquillajes, pestañas postizas, y mil accesorios dieron un toque a esta visita que ninguna otra había tenido antes.

De repente, mi horario estaba cargado con el de ellos. Mis padres habían venido por las citas con diferentes compañías para el apoyo de María José en su candidatura a Miss Ecuador. Entre entrevista, diseñadores, cafés y visitas familiares, mi vida se vio interrumpida. Recuerdo haber planeado terminar un montón de trabajo para un evento que me esperaba en casa, cuando mi mami se desvió y parqueó en una calle desconocida. “María José está dentro de esa casa blanca de allí.” dijo apuntando fuera del carro. “Vamos, están midiéndole un vestido, hay que esperarle…” Yo me sentí atrapada. No sabía dónde estaba, ni cuánto demoraríamos, y tenía una ansiedad por tanto trabajo que hacer lejos, lejos de allí.

Fue en ese momento que me di cuenta de cuánto la vida de familia me hacía faltaba. Se me hacia difícil vivir el día a día compartiendo con alguien más, cediendo mi propio tiempo del día, el espacio que tenía. Me dije: “Necesito una familia” antes de que me acostumbre a vivir una vida egoísta. La dificultad que sentía era grande. Quería ser como mis padres. No les importaba si tenían que manejar al otro extremo de la ciudad para “pasar” recogiéndome gustosos por la universidad. Podía contar con que era parte de su sequito a la hora de comer. Que siempre estaba incluida cuando preguntaba ¿qué harán hoy? Siempre era bienvenida a acompañarles. Ningún desvío de su ruta planificada por mi parecía molestarles. Y yo que no podía aguantar 15 minutos para llegar a pegar cartulinas. Me sorprendía lo fácil que se hacía a mis padres en ceder su tiempo, ser felxibles en sus planes y aun con sus horarios por recogerme, llevarme, esperarme, invitarme, llamarme, preguntarme como me fue, y más, por hacerme parte de su vida.

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